El primer cuento que escribi.
Como puedo vencer un enemigo que no puedo tocar ni ver, y que puede salir en cualquier momento, solo basta que algo gatille un recuerdo para verme opacado por aquel dragón que mata caballeros arrancándole el corazón. Y yo, sin armas para defenderme, más que la fe de que no volverá. Pero últimamente ha estado asechando demasiado de cerca como para sentirme bien, y mas encima doncella, eterna carnada, ni la vista me dirige, clara señal de que algo nada mal. Como puedo hacer entonces para sacarme la incertidumbre de la cabeza, se salvara la doncella, o se la llevara el dragón, claro puede que simplemente el dragón se aleje y quede solo como un mal recuerdo. Pero mi experiencia me dice, que no es probable. E llegado al punto de ir a hablar con la oráculo del reino. Si, ella constantemente asechada por imágen
es del pasado que la perturban incesantemente, pero que sirven de inspiración para viajeros solitarios como yo. Entre sus palabras, todas interpretables como cualquier oráculo, distingo frases que entiendo como de esperanza, pero cuando las recuerdo en mi cabeza, veo que no todo era tan bonito como lo comprendí al principio. Al final, todo dependerá, de que tan fuerte se agarre la doncella a mí, que aunque no cuente ni con la mitad de la fuerza del dragón, espero dar batalla, que recordara. Pero no todo va a salir como deseaba, esperaba visitar a la doncella mañana, pero recordé un compromiso previo, un torneo al que jure asistir, y al que si falto, traiciono a mis compañeros, y la duquesa manda a cortar mi cabeza. Espero terminar pronto para poder al menos alcanzar a ver sus ojos, en una de esas, esa pura mirada me resume todo lo que le aconteció, su destino, y de pasada el mío.
FIN PRIMERA PARTE.
Amanece nuevamente sobre este desdichado caballero. El torneo de caballeros no termino como deseábamos. Un grupo de jinetes de pomposa armadura, destrozaron sus lanzas en nuestros pechos, y dieron fama a ese lejano y desconocido reino del que provenían. Montamos de vuelta al castillo de su majestad la Reina, y como era de esperar discusiones entre los caballeros lo hizo un viaje eterno y molesto. Pero lo peor estaba por venir. Acércaseme yo a la doncella de mi corazón, con bondadosos regalos traídos de principados distantes por mis padres, esperando recibir alguna caricia al menos por parte de la dama que deseo. Pero en ves, recibo un simple gracias, y un doloroso “me haces sentir mal trayéndome regalos”. Sentí como una puñalada al corazón mientras se daba vuelta a volver a sus labores. No lo pude soportar. Ni un gesto de cariño, siquiera el más leve contacto físico, quería decirle algo, preguntarle si estaba todo bien, si había algo que pudiera hacer, pero algo me lo impidió. El miedo me estrangulaba la garganta, impidiendo que ningún sonido escapara, y cualquier cosa que escapara, mi orgullo lo detenía. Como podía ser que tuviera el valor para enfrentarme a un grupo de guerreros en feroz combate, pero no poder dirigirle la palabra a una mujer indefensa, incapaz de herirme, ¿o no tanto? Si… podía herirme, y de la peor forma, atravesar mi corazón con una lanza, una no de madera y metal, pero de palabras, las palabras más horrendas que podrían mis oídos escuchar, de solo pensarlas se me desgarra un poco el alma. Corrí, escape del palacio, abandone mis tareas como caballero, arriesgándome a castigos mas allá de lo imaginable, pero no podía soportar estar en aquel mismo patio que ella. La mire un par de veces de reojo, aunque creo que una de sus damas de compañía lo noto. Deje a un fiel amigo cuidándome la espalda, y me escabullí entre los feroces soldados y arqueros que cuidaban la entrada. Si, Estaba fuera, era libre. Por primera ves en mi vida había echo algo así. Pero no había vuelta atrás, no, ya no. Y tampoco, mientras la doncella me evitara de esa forma. Recordaba los momentos en que fui feliz junto a ella, antes de que el dragón volviera. ¿Será eso? ¿Estará todavía perturbada por ese monstruo del que no e sabido hace un tiempo ya? Necesitaba saber. Trate de consultar con la oráculo, pero me fue imposible encontrarla. Tendría que tomar esa decisión por mi mismo, si no le puedo hablar, si no tengo el valor para mejor dicho, se lo escribiría. Que forma más cobarde pensé. Pero era la única forma para estar seguro. Pero, a quien engañaba. Siquiera para eso tengo valor. Que vergüenza de hombre. FIN SEGUNDA PARTE.
Un grito aterrador se escucho desde la pieza de la doncella, el dragón hería de muerte a la princesa, un veneno de lento efecto que carcomía lentamente a su victima. Corrí hasta su pieza, solo para ver que ya era muy tarde, yacía inmóvil la doncella el suelo, mientras la sombra del dragón escapaba por su ventana, corriendo hacia el olvido con su misión completa, su objetivo final cumplido, ya no tenia mas razón de existir. Pero aunque mis sentidos seguían al monstruo, mis ojos se encontraban inmóviles, mirando como la doncella, futura princesa del reino, se aferraba a sus últimos momentos de conciencia. No supe reaccionar. No me pude mover, ni decir nada, mas adelante me daría cuenta de lo tonto que fue esto. Parte de mi moría al mismo tiempo que ella. Solo nos pudimos decir un simple y vació “adiós”. Salí de la habitación. No podía soportar ver el cuerpo inmóvil de aquella mujer que hasta hace unos pocos momentos seguía siendo mi razón de vivir. Corrí, abandone el castillo, no iba a ningún lugar. En la desesperación deje mi espada en aquella desdichada pieza.
Decidí correr donde la oráculo, la única que podría consolar mi pobre corazón, pero no la encontré. Supongo que me hubiera echo darme cuenta que siempre estuvo en mi cabeza la fatídica idea de que el dragón ganaría, y que por eso, no tarde mucho en recuperar la cordura.
Al día siguiente, volví a mis deberes. Para mi horror descubrí que la doncella seguía viva, pero no volvería a ser la misma. Inconsciente en su lecho, me contaron los médicos reales que el veneno no la mataría, pero que olvidaría sus recuerdos mas preciados, destino peor que la muerte.
Decidí seguir sirviendo a la reina, aunque tome la resolución de evitar lo más posible la pieza de aquella mujer, temía volver a verla, y saber que ya no era nada para ella, a lo mas otro mas de los incontables guardias que la resguardaban. Junto con unos amigos, tomamos la decisión de abandonar el palacio. En unos meses mas me iría, solo necesitaba ganarme el favor de la reina y unas cuantas monedas más. En una de esas me iría a servir a algún lugar más cercano al oráculo, donde visitarla me resultaría más fácil, dicen que hay un castillo de gran prestigio ahí, pero que las posibilidades de ser aceptado como caballero están reservadas para los mejores de todos. Pero claro, primero tendría que sobrevivir a los meses que me quedaban en ese palacio, eterno ataúd de la doncella de mi corazón.
FIN TERCERA PARTE.
FIN
Como puedo vencer un enemigo que no puedo tocar ni ver, y que puede salir en cualquier momento, solo basta que algo gatille un recuerdo para verme opacado por aquel dragón que mata caballeros arrancándole el corazón. Y yo, sin armas para defenderme, más que la fe de que no volverá. Pero últimamente ha estado asechando demasiado de cerca como para sentirme bien, y mas encima doncella, eterna carnada, ni la vista me dirige, clara señal de que algo nada mal. Como puedo hacer entonces para sacarme la incertidumbre de la cabeza, se salvara la doncella, o se la llevara el dragón, claro puede que simplemente el dragón se aleje y quede solo como un mal recuerdo. Pero mi experiencia me dice, que no es probable. E llegado al punto de ir a hablar con la oráculo del reino. Si, ella constantemente asechada por imágen
es del pasado que la perturban incesantemente, pero que sirven de inspiración para viajeros solitarios como yo. Entre sus palabras, todas interpretables como cualquier oráculo, distingo frases que entiendo como de esperanza, pero cuando las recuerdo en mi cabeza, veo que no todo era tan bonito como lo comprendí al principio. Al final, todo dependerá, de que tan fuerte se agarre la doncella a mí, que aunque no cuente ni con la mitad de la fuerza del dragón, espero dar batalla, que recordara. Pero no todo va a salir como deseaba, esperaba visitar a la doncella mañana, pero recordé un compromiso previo, un torneo al que jure asistir, y al que si falto, traiciono a mis compañeros, y la duquesa manda a cortar mi cabeza. Espero terminar pronto para poder al menos alcanzar a ver sus ojos, en una de esas, esa pura mirada me resume todo lo que le aconteció, su destino, y de pasada el mío.FIN PRIMERA PARTE.
Amanece nuevamente sobre este desdichado caballero. El torneo de caballeros no termino como deseábamos. Un grupo de jinetes de pomposa armadura, destrozaron sus lanzas en nuestros pechos, y dieron fama a ese lejano y desconocido reino del que provenían. Montamos de vuelta al castillo de su majestad la Reina, y como era de esperar discusiones entre los caballeros lo hizo un viaje eterno y molesto. Pero lo peor estaba por venir. Acércaseme yo a la doncella de mi corazón, con bondadosos regalos traídos de principados distantes por mis padres, esperando recibir alguna caricia al menos por parte de la dama que deseo. Pero en ves, recibo un simple gracias, y un doloroso “me haces sentir mal trayéndome regalos”. Sentí como una puñalada al corazón mientras se daba vuelta a volver a sus labores. No lo pude soportar. Ni un gesto de cariño, siquiera el más leve contacto físico, quería decirle algo, preguntarle si estaba todo bien, si había algo que pudiera hacer, pero algo me lo impidió. El miedo me estrangulaba la garganta, impidiendo que ningún sonido escapara, y cualquier cosa que escapara, mi orgullo lo detenía. Como podía ser que tuviera el valor para enfrentarme a un grupo de guerreros en feroz combate, pero no poder dirigirle la palabra a una mujer indefensa, incapaz de herirme, ¿o no tanto? Si… podía herirme, y de la peor forma, atravesar mi corazón con una lanza, una no de madera y metal, pero de palabras, las palabras más horrendas que podrían mis oídos escuchar, de solo pensarlas se me desgarra un poco el alma. Corrí, escape del palacio, abandone mis tareas como caballero, arriesgándome a castigos mas allá de lo imaginable, pero no podía soportar estar en aquel mismo patio que ella. La mire un par de veces de reojo, aunque creo que una de sus damas de compañía lo noto. Deje a un fiel amigo cuidándome la espalda, y me escabullí entre los feroces soldados y arqueros que cuidaban la entrada. Si, Estaba fuera, era libre. Por primera ves en mi vida había echo algo así. Pero no había vuelta atrás, no, ya no. Y tampoco, mientras la doncella me evitara de esa forma. Recordaba los momentos en que fui feliz junto a ella, antes de que el dragón volviera. ¿Será eso? ¿Estará todavía perturbada por ese monstruo del que no e sabido hace un tiempo ya? Necesitaba saber. Trate de consultar con la oráculo, pero me fue imposible encontrarla. Tendría que tomar esa decisión por mi mismo, si no le puedo hablar, si no tengo el valor para mejor dicho, se lo escribiría. Que forma más cobarde pensé. Pero era la única forma para estar seguro. Pero, a quien engañaba. Siquiera para eso tengo valor. Que vergüenza de hombre. FIN SEGUNDA PARTE.
Un grito aterrador se escucho desde la pieza de la doncella, el dragón hería de muerte a la princesa, un veneno de lento efecto que carcomía lentamente a su victima. Corrí hasta su pieza, solo para ver que ya era muy tarde, yacía inmóvil la doncella el suelo, mientras la sombra del dragón escapaba por su ventana, corriendo hacia el olvido con su misión completa, su objetivo final cumplido, ya no tenia mas razón de existir. Pero aunque mis sentidos seguían al monstruo, mis ojos se encontraban inmóviles, mirando como la doncella, futura princesa del reino, se aferraba a sus últimos momentos de conciencia. No supe reaccionar. No me pude mover, ni decir nada, mas adelante me daría cuenta de lo tonto que fue esto. Parte de mi moría al mismo tiempo que ella. Solo nos pudimos decir un simple y vació “adiós”. Salí de la habitación. No podía soportar ver el cuerpo inmóvil de aquella mujer que hasta hace unos pocos momentos seguía siendo mi razón de vivir. Corrí, abandone el castillo, no iba a ningún lugar. En la desesperación deje mi espada en aquella desdichada pieza.
Decidí correr donde la oráculo, la única que podría consolar mi pobre corazón, pero no la encontré. Supongo que me hubiera echo darme cuenta que siempre estuvo en mi cabeza la fatídica idea de que el dragón ganaría, y que por eso, no tarde mucho en recuperar la cordura.
Al día siguiente, volví a mis deberes. Para mi horror descubrí que la doncella seguía viva, pero no volvería a ser la misma. Inconsciente en su lecho, me contaron los médicos reales que el veneno no la mataría, pero que olvidaría sus recuerdos mas preciados, destino peor que la muerte.
Decidí seguir sirviendo a la reina, aunque tome la resolución de evitar lo más posible la pieza de aquella mujer, temía volver a verla, y saber que ya no era nada para ella, a lo mas otro mas de los incontables guardias que la resguardaban. Junto con unos amigos, tomamos la decisión de abandonar el palacio. En unos meses mas me iría, solo necesitaba ganarme el favor de la reina y unas cuantas monedas más. En una de esas me iría a servir a algún lugar más cercano al oráculo, donde visitarla me resultaría más fácil, dicen que hay un castillo de gran prestigio ahí, pero que las posibilidades de ser aceptado como caballero están reservadas para los mejores de todos. Pero claro, primero tendría que sobrevivir a los meses que me quedaban en ese palacio, eterno ataúd de la doncella de mi corazón.
FIN TERCERA PARTE.
FIN




0 Pie de Pagina:
Publicar un comentario